
¿Qué buscan y valoran las empresas al contratar a alguien y al retener el talento?
Cada vez se valoran más las habilidades blandas o soft skills (en contraposición a las duras, las de la formación reglada): trabajo en equipo, gestión de conflictos… y con una importancia creciente, saber comunicar.
Si te parece exagerada esta frase de Peter Drucker, “padre del management”, apuesto a que no te lo parecerá tras leer este post.
La mala comunicación en las empresas se manifiesta de muchas formas. A veces su solución depende más de la empresa que de los trabajadores (tipo 1), otras veces es al revés (tipo 2).
El mejor ejemplo del tipo 1 son los silos: se dan cuando un subsistema de una empresa prioriza sus intereses por encima de los de la empresa. Los silos surgen espontánea y proporcionalmente al tamaño de la organización. Ser consciente de su existencia y luchar contra ellos es condición necesaria pero no suficiente para derribarlos.

Los silos están muy ligados a la opacidad de la información (la información es poder) y ambos se retroalimentan. Por eso la lucha contra los silos pasa por la transparencia de la información: que esté en una nube accesible a todos, y que todos sepan dónde encontrarla fácilmente, frente al modelo tradicional en que esa información reside en los discos duros de ciertos privilegiados. Transparencia frente a opacidad.
Posiblemente te interesen más los problemas del tipo 2, cuya solución depende más de los trabajadores que de la empresa. El mejor ejemplo son las presentaciones.
Las presentaciones no son un fin, sino un medio para transmitir ideas y persuadir a la audiencia para que tome alguna decisión. La calidad de las presentaciones determina la calidad de esas decisiones.
A pesar de su crucial importancia, todos hemos estado en presentaciones en las que daríamos lo que fuera por no estar allí: no se entiende lo que se explica por ser confuso o demasiado detallado; no se oye bien a quien expone; se cuenta demasiado detalle al inicio y falta tiempo al final; no se lee bien lo que se muestra en pantalla (¿no has sufrido la ‘muerte por PowerPoint’?), o todas estas cosas a la vez, y más.

Muchos sufren en silencio estas situaciones como norma y no como excepción. De cuántas reuniones ha salido alguien preguntando en voz baja al compañero “¿y cuál ha sido la conclusión?”. Multiplica su sueldo horario por las horas que estuvo allí… y por el nº de asistentes… y por el creciente nº de reuniones en las empresas.
Malas presentaciones llevan a malas decisiones, y éstas llevan a malos resultados.
¿A que ya no te parece exagerada la frase del amigo Drucker?
Si todo esto te resulta familiar, el siguiente paso no es añadir más contenido a tu PowerPoint, sino hacerte estas preguntas incómodas que te revelarán si tus presentaciones funcionan.




